Segundo en tamaño solo después del pingüino emperador, el pingüino rey suele confundirse a distancia con su pariente mayor, aunque los destellos dorados y anaranjados de su cuello y pico suelen ser un rasgo distintivo. Su bastión principal a lo largo de nuestras rutas es South Georgia, donde colonias de decenas de miles de ejemplares se agolpan en las playas cubiertas de matas de hierba de sitios como Salisbury Plain y St Andrews Bay.
Más allá de South Georgia, los viajeros también desembarcan entre pingüinos rey en las Falkland Islands, en Macquarie Island en el océano Austral, y más al sur en Campbell Island y las Auckland Islands, todos ellos parte del disperso territorio de cría subantártico de esta ave.
En el mar son buceadores formidables, que habitualmente superan los 100 metros de profundidad y en ocasiones sobrepasan los 300 metros en busca de peces linterna, calamares y kril; en tierra y en el agua tienen bastante más de qué preocuparse, desde petreles gigantes, skúas y paloma antártica hasta leopardos marinos y orcas. Cazados comercialmente en el pasado por su grasa, aceite, carne y plumas, los pingüinos rey están hoy totalmente protegidos, y las grandes colonias que visitan actualmente los barcos de expedición son resultado directo de esa recuperación.